Esta obra reúne un conjunto de figuras heterogéneas que parecen formar una genealogía imposible. Rostros de juguetes de Las Chicas Superpoderosas se mezclan con cuerpos que remiten a esculturas religiosas, mientras al fondo emergen dos cariátides sumidas en la penumbra.
La composición sugiere una continuidad ficticia entre ídolos populares y figuras devocionales, cuestionando las jerarquías simbólicas y la idea de herencia cultural en un mundo saturado de imágenes.
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