Esta obra retoma la tradición de la fotografía de escultura clásica, evocando la estética de los antiguos catálogos y libros de arte, pero introduce una fisura en su aparente solemnidad.
El cuerpo fragmentado del Spinario se combina con una cabeza distorsionada de Bart Simpson, produciendo un cruce inesperado entre canon académico y cultura popular. La imagen propone una reflexión irónica sobre la transmisión del legado cultural, donde la reverencia histórica convive con la deformación y el simulacro contemporáneo.
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