Ozymandias presenta una masa escultórica en tonos azules profundos, compuesta por cuerpos entrelazados que parecen emerger y hundirse al mismo tiempo, generando una sensación de movimiento detenido. La figura remite tanto a ruinas clásicas como a acumulaciones contemporáneas de imágenes y formas, evocando la fragilidad de lo monumental. El fondo amarillo plano contrasta con la densidad de la figura central, acentuando su carácter ilusorio y efímero. El título alude al célebre poema «Ozymandias», reforzando la reflexión sobre la decadencia, la transitoriedad y la impermanencia última de la grandeza.
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