La escena se despliega en un callejón rodeado de vitrinas y fachadas comerciales, apenas reconocible debido al desenfoque que envuelve toda la composición.
En el centro, una figura ambigua parece adoptar la postura de un perro sentado, aunque su identidad nunca se confirma del todo. Esta indefinición transforma el espacio urbano en un territorio de sospecha y proyección, donde lo cotidiano se vuelve incierto y la imagen se comporta como un recuerdo incompleto.
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