En Londres, Jemmy aprendió inglés, vistió como un caballero y llegó a ser presentado ante el rey Guillermo IV y la reina Adelaida. La tercera pintura de la serie condensa esa transformación en una alegoría: Jemmy aparece duplicado en el centro de la escena, a la izquierda en su versión fueguina, a la derecha como hombre civilizado, de ropa europea y sombrero de copa. Entre ambos se ejecuta el gesto que organiza el cuadro: Button se corona a sí mismo. La educación se completa cuando ya no necesita del educador; es el propio converso quien consagra su conversión.
Como en el capítulo anterior, la escena reúne figuras extraídas de la pintura europea, modificadas para habitar esta otra historia: patriarcas, ángeles y escribas rodean la coronación como si se tratara de una escena bíblica. El anciano que alza el dedo al cielo repite la pose del Sócrates de Jacques-Louis David (el maestro acusado, precisamente, de corromper a la juventud) y encarna ahora a Charles Darwin. Y la infanta velazqueña que asiste desde un costado no es una niña de la corte: la piel oscura y la cesta en la mano delatan a Fuegia Basket, cuya transformación corre en paralelo a la de Jemmy.
Los capítulos de la serie también se responden entre sí: a la izquierda, un ángel consuela a un FitzRoy cabizbajo. Es Boat Memory, muerto en la pintura anterior, que regresa con las alas que la primera escena le había anticipado. El título nombra en inglés el equívoco de todo el proceso: lo que Londres llamó educación fue también el desmontaje de una identidad, celebrado con toda la pompa de la pintura de historia.
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