El segundo capítulo ocurre al final de la travesía: Londres asoma en el horizonte. Boat Memory, el favorito del capitán, fue el primero en caer. Pese a haber sido vacunado, murió de viruela en el hospital naval de Plymouth en noviembre de 1830, pocas semanas después de pisar Inglaterra. FitzRoy dejó registro escrito de su afecto por el joven y de la culpa que le produjo esa muerte, primera grieta del experimento civilizatorio que él mismo había puesto en marcha.
La escena está construida por completo con figuras del canon europeo: cuerpos tomados de Velázquez, Tiziano o Poussin, descontextualizados y alterados apenas para encarnar personajes de la historia fueguina. El Marte melancólico de Velázquez presta su pose al capitán abatido, rodeado de un cortejo que vela al joven muerto entre restos de bacanal.
En lo alto de la composición, un Sísifo avanza con su piedra a cuestas: la culpa de FitzRoy convertida en carga mitológica, de esas que no terminan de pagarse nunca. La pintura europea, que nunca registró esta historia, es puesta aquí a contarla con sus propios cuerpos.
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